Afuera llueve a cántaros ¡Qué delicia escuchar las gotas deslizarse sobre las chapas del techo del vecino! Pero aquí, en la sociedad mutilada, es puro aire enviciado de gripe, de malhumor desempleado ¿cómo será el malhumor empleado? Lo único que en éste momento alimenta mi bienestar es la sonrisa de mi nena de seis meses y la cara de culo de mi mujer cuando le propongo que se quede a mi lado y no vaya a trabajar.
Me siento un marginado total que no puede hacerse de la vitamina necesaria para afrontar la vida. Quizá tenga una reserva enérgica que nunca podré explicar, ni su origen ni su destino; sólo me queda la certeza de que el tiempo posee gente idiota, hija de puta y personas que salen de los perores abismos que uno pueda imaginar. A mi mujer la adhiero a la última opción; no recuerdo otro empuje y amor por la vida como el que ella profesa.
Las heridas nunca regresaron de sus vacaciones y la gripe A, que les sigue detrás como si se conocieran del barrio, les balbucea que llegó para quedarse un largo tiempo. ¿Por qué importamos yerba uruguaya? ¿Tendremos que mantenernos atentos a lo que algunos hacen o dejan de hacer? NI.
Quedamos inmersos en un mundo que respira paranoias generalizadas; el avance de la derecha en América Latina luego del último triunfo en las elecciones legislativas a favor de De Narváez y CIA; el golpe de Estado en Honduras en manos de militares carcamanes enraizados en las peores huestes del ayer; dejar mi vida solitaria por otra que veía a millones de kilómetros de distancia: la familia. Wuaahhhhhhhhhhh ¡Cuántos cambios! y todos en uno.
“Me encantaría quedarme, pero no nos queda otra entrada de guita amor” me arroja my lady a las 9 de la mañana desde que la gripe del chancho asomó por estas latitudes. Y es ahí donde encuentro el mejor aliciente para drenar los malos humores; en cada cara de culo en la que camufla su amor combativo, en su amor a la vida; en cada pulso acelerado de un bicho de ciudad que espera y desespera por cambios “verdaderos”, las pequeñas cosas que sirven realmente: aprender a dar, amar mientras se da y disfrutar de lo que dimos y recibimos amando.
¡Las Utopías son sólo eso! Creí no saberlo, mejor dicho, quería que sea así. No sé si podré alejarlas de la encarnación que he elegido siempre. Pero hoy (y hoy es mañana) me han regalado un mejor significado de ellas… evidenciarlas en cada paso que mi hija intenta dar irguiéndose como alguien mayor a los seis meses de vida y en la posibilidad de creer que puedo tener todo lo que me proponga sin dejar de lado ninguna de aquellas locuras que me mantuvieron respirando hasta hoy, es más, ahora somos más para enloquecernos y disfrutar de lo que nos une… el amor a la vida y el respeto por la igualdad y la libertad
jueves 4 de febrero de 2010
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