La lluvia del viernes, había dejado pálida a la ciudad, con ganas de desembuchar y agradecer por el fragor que hoy respira el pueblo. También es verdad que, a un par de kilómetros de las almas que saltaron en la plaza del mejor domingo revanchero, estaban las villas olvidadas del sur de la Capital Federal. 13300 (según el censo que realizó el Ministerio de Desarrollo Social que conduce Alicia Kirchner) rostros cansados, postergados, marginados y un saldo de cuatro víctimas fatales por la mano dura que emplean ciertos tiburones que, ahora (según palabras que arrojó Vicentico desde el escenario), se rasuran el bigote para disimular un poco, pero siguen acechando en la orilla para desunir, para acallar.
Las agujas invisibles que asomaban desde la pantalla del celular, marcaban las 16hs. de un cierre semanal… ¡Qué digo! Un broche de oro de un año que quedará grabado en la retina memoriosa de una Argentina que crece, que vuelve a creer, que se junta a chamuyar sin temor, que emerge desde y por aquellos que brindaron sus ideales y hasta su vida por un país más justo e inclusivo. Ese fue el motivo para no olvidar y festejar los veintisiete abriles de la democracia y, entre ellos, los tres que lleva Cristina al frente de este Movimiento Nacional y Popular.
No existe nada mejor que la música para aquellos oídos- ya sin cera neoliberal- para empezar a transitar por caminos repletos de equidad y con un objetivo principal: NUNCA MÁS dejarse vaciar las mentes y los corazones. Fue así que el epicentro histórico de la república, construyó un proceso retroalimentador entre los cientos de miles que fulguraron junto a Victor Heredia y Teresa Parodi; las murgas que agradecieron por el feriado que les había arrebatado la última dictadura militar; León Gieco y De-mente; Kevin Johansen y los Nada junto al artista plástico Liniers; NTVG; Gustavo Santaolalla y Los Orozco Barriento; Bajo Fondo; Calle 13; el cierre a puro Charly renovación; las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo y decenas de artistas que también apuestan por el cambio.
Rumbo a la plaza
En el furgón del Sarmiento, dos pebetas que explotaban de alegría por el incienso made in Bajo Flores junto a dos colifas de Vélez- sus camisetas auguraban fortines de ilusiones- que las apretujaban rumbo al subcampeonato. Al costado, al borde del abismo, casi cayéndose de su vida, se encontraba el Chuqui, un gurí de 12 años, envuelto en su atuendo azulgrana y vacío de quimeras fundidas por un cañito paquero
-¡EHHHHHH qué agitá loco! Le escupió al viejo que se había negado a convidarle un pucho.
-Ayer vi como acuchillaban a dos pibes en una plaza de Flores. Mirá, acá tengo la sangre de uno que es amigo mío.
-¡Che, pará de fumar un poco de esa mierda Chuqui! Le decía un bepi más grande que sacaba su baguyo de $5 para luego arrancar hacia la 11-14 al encuentro de su hija, a la que no ve desde hace un año, después de concomer en la vida entremuros.
-Pará loco, yo sé lo que hago, no jodo a nadie, sólo quiero olvidarme de todo, “nada más”.
El filoso y crudo mensaje del Chuqui había hecho enmudecer hasta los más viejos consumetas que seguían expectantes el hilo de una conversación realista y tortuosa. Aquel “nada más”, debería consumarse en el nunca más con mayúsculas que corearon los 250 mil presentes en la plaza del amor, en la que todavía debemos seguir luchando para que el Chuqui, como todos aquellos que viven al margen de la redistribución de la riqueza simbólica y material, puedan, por derecho, pintarse de color humano, y así poder gritar dignamente “Estamos vivos”.
martes 11 de enero de 2011
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